Zoquete de rotonda

Desgraciadamente, volví a pasar de nuevo por la misma rotonda en la que hace dos años tuve un desagradable percance y, si no sufrí otro idéntico, fue porque, en esta ocasión, los hados estuvieron de mí parte y de la del zoquete que conducía tan mal como otros muchos que pasan a diario por allí ignorando cómo se conduce en una rotonda. Acordándome del primer percance, saqué el brazo tratando de indicar que seguía por mi carril derecho; fue inútil, pues, el zoquete, adelantándome a una velocidad demasiado alta para ir por una rotonda, a punto estuvo de llevárselo; a ello siguió un giro hacia la salida de la rotonda invadiendo mi carril y cruzándose conmigo, lo que me obligó a dar un brusco frenazo y evitar – con mucha suerte, claro – el choque, que en otra ocasión tuve. Afortunadamente no me venía nadie por detrás o, si venía, mantenía la distancia reglamentaria, pues, al frenar y parar, temí mucho un choque por detrás.

El zoquete ni se percató de haberlo hecho mal, la alta velocidad con la que conducía y su indolencia conduciendo debieron hacerlo “venirse arriba” y pensar ¡qué bueno soy! No pude verle la cara, pero, su manera de conducir era la propia de alguien que solo ve el peligro tras tener un percance, probablemente, era bastante joven que lo sitúa en una relación no muy lejana con la autoescuela.

Creo que las autoescuelas enseñan con la debida corrección, pero hay personas empeñadas en aprender todo de memoria, incluido el Reglamento General de Circulación, y esto tiene sus problemas, dado que, con el tiempo, la memoria juega malas pasadas que nos hacen olvidar o distorsionar cuestiones fundamentales; sin embargo, entender el porqué de lo que dice el mencionado reglamento es una enorme ayuda que fija mucho más sus conceptos. Al tipo de personas “chaponas” (término específico en Galicia para describir a quien memoriza a base de codos y repetición) es al que seguramente pertenece el mencionado zoquete, que aprendió de memoria lo necesario para “sacarse el carné”, pero, con el tiempo se le distorsionaron los conocimientos aprendidos así y, en consecuencia, acude a sus redes sociales para aprender mal las dudas que se le plantean al volante (suponiendo que se le plantee alguna), en vez de consultar a los organismos competentes en ello.

Un coche detenido en un sitio como aquel es algo raro, pero todos los conductores que pasaron por allí en aquel momento y que presenciaron lo ocurrido, debió parecerles de lo más normal ¿cómo no le va a pasar algo así a un viejo?, pensarían, pues sus coches pasaron al lado del mío con la misma premura de siempre, atraídos por los cantos de sirena de Puerto Venecia.

Sin percatarse de lo ocurrido, el zoquete también continuó viaje con premura atraído por la fascinación de los mentados cantos de sirena, de modo que, cualquier día, repetirá su lección magistral de conducción para, a buen seguro, amargarle el día a otro; es lo malo de muchos malos conductores, que están convencidos de que si compitieran serían ases del volante.

La imagen que sigue es la representación gráfica del lugar de Zaragoza donde se produjeron los hechos relatados.

La de abajo es un fragmento de la anterior, aunque también podría ser la representación del cruce de dos calles de cualquier ciudad o la salida de una autopista, pues sus geometrías son idénticas; ahora pregunto a quien lea esto: ¿es correcta la forma de salir hacia la derecha del vehículo rojo? ¿Cómo sabe el vehículo azul que el rojo va a hacer esa maniobra?

Mucho cuidado con las rotondas de Puerto Venecia, muchos que acuden allí repiten lo hecho por el vehículo rojo, o lo que es lo mismo, la relación de zoquetes por metro cuadrado de rotonda es muy alta.

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