Con un simple clic, las tecnologías actuales nos permiten acceder a conocimientos – basta con saber leer – otrora reservados casi exclusivamente a profesionales y a especialistas; sin embargo y pese a ello, poco o nada he notado que el personal se sirva de este magnífico potencial cuando necesita adquirir conocimientos que le permitiría argumentar exitosamente contra soluciones de dudosa eficacia propuestas por quienes, aprovechándose de tal desconocimiento, tratan de obtener beneficios que, desgraciadamente logran con indeseada frecuencia.
Por mi edad, he asistido a muchas reuniones de comunidad de propietarios y, puedo decir que, rara vez se plantean en ellas asuntos con el mínimo rigor exigible – casi siempre la información se ciñe, únicamente, a su aspecto publicitario-comercial – y, tampoco recuerdo a nadie haciendo preguntas que denoten que, quien las hace, se ha esforzado en adquirir esos conocimientos básicos del tema en cuestión; sin embargo, y en no pocas ocasiones, si he oído críticas sobre las soluciones a los problemas planteados y aprobados en asamblea, algo que me resulta, cuando menos, paradójico; es como esperar que los problemas se resuelvan bien por sí solos.
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